domingo, 18 de noviembre de 2007

ɐɾoɹ ɐʇıɔnɹǝdɐɔ ɐl




“-Mamá –dijo el lobito Crespo-, ya el sol esta alto y el papá no vuelve. ¿Le habrá pasado algo?.

-Mamá –dijo el lobito Rucio-, tengo hambre. ¿Demorara el papá?

La Mamá Loba lo miro con cariño; tal vez fuera el preferido de sus tres hijos. Lo llamaban “Rucio” porque, si bien era tan negro como los otros, tenía un pequeño mechón de pelo rubio en la frente.

-El papá está por volver, seguramente –dijo-. Tenéis que saber que cada día cuesta más ganarse la vida. El papá ya esta un poco viejo y tiene que aguzar el ingenio, a falta de fuerzas. Y cada día es más difícil. Los hombres se han puesto increíblemente cuidadosos con sus ovejas y cabritos. Antes era tan fácil. Recuerdo…

-ya va a contar cosas de su juventud la mama –le dijo al Rucio el lobito Crespo-. Es una lata. ¿Qué le dará? Yo también tengo hambre. Y tú, Calladito, ¿Qué dices?

El tercero de los hermanos se diferenciaba de los otros dos porque no era crespo, todo su pelo era negro y reflexionaba mucho y hablaba poco. Se limito a mover la cabeza y a mirar la luz que jugaba entre las hojas de los arboles.

…y a medida que los hombres tenían más corderos y cabritos –seguía relatando Mama Loba- querían tener más y mas y comenzaron a defenderlos mas y mas. Ahora pagan a unos gañanes robustos con grandes garrotes para que cuiden los rebaños y tienen unos perros feroces, más feroces que nosotros, para que los ayuden en sus tareas. Deben se rijos o nietos de lobos como nosotros y por eso nos odian. Vuestro padre les tiene miedo porque son muy fuertes. Por eso es que ha pensado…

La Mamá Loba se quedo callada. Como de costumbre, ya había hablado demasiado.

-¿En los niños? –murmuro el Calladito.

La madre lo miro con sorpresa y luego se decidió. Bueno, algún día tenían que saberlo, y ya estaban en edad.

-Si -dijo con voz muy baja-. Los hombres son harto raros: cuidan día y noche a sus rebaños, pero no se preocupan de sus hijos. Parece que las ovejas son más importantes para ellos. Dejan a los niños andar solos por el bosque y vigilan solo a sus animales. Curioso ¿no?

-Y ¿Cómo son los niños, mamá? – Preguntó el Rucio.- El papa trae pájaros y ardillas, nunca ha traído un niñito. ¿Cómo son?

-Nosotros nunca hemos comido niños, hijito. El invierno pasado fue muy duro, vosotros estabais muy pequeños, pero yo os pude amamantar bien, a pesar de todo. Hasta tuve que comer nueves y bayas y cazar ranas en las charcas.

-¡Yo cace el otro día una rara! –dijo orgullosamente el lobito Crespo.

- Era un sapo –lo corrigió el Calladito-. Y ¿Qué más, mama?

-No conviene que comamos niños, púes, aunque los hombre son los cuidan mucho, los quieren mucho. Tal vez no los cuidan porque creen que no les vamos a hacer anda. Pero ahora, como guardan tan bien sus corderos, no habrá más remedio. Con el hambre no pueden ni los garrotes.

-Y entonces, si no los cuidan ¿Por qué no trae niñitos el papá? –Pregunto el Rucio.

-Es porque nosotros siempre hemos cuidado a los niños –dijo Mama Loba.

-Es una tradición de las Lobas cuidar y hasta criar a los niños abandonados en el bosque. Hay muchos casos y algunos, famosos. En cambio, si ahora comenzamos a comer niños, los hombres nos van a odiar. En vez de culparse ellos por guardar sus corderos y no cuidar a sus niños, nos van a odiar a nosotros y quizás que cosas van a inventar. Eso es peligroso. Los hombres son muy hábiles. Recuerdo…

- Oye, mama –la interrumpió el Calladito con mucha decisión-, el papa fue a buscar un niño, ¿no es cierto?

-Bueno, una niñita, hijo. Una niñita muy tonta que siempre se escapa de la casa y viene a ver, aquí en el bosque, a su abuelita, que la mima mucho. El papa se halla tan flaco que dijo que se iba a comer él a la abuelita y nos traería a la niña. O al revés, ya no me acuerdo, en realidad.

- ¿Y por qué es peligroso el odio de los hombres, mamá? –pregunto el Crespo.

- Los hombres inventan cosas, hijito. No les importa la verdad. Inventan y cambian el mundo y nos hacen creer en a todos las cosas que ellos dicen. Ellos mismos las creen también, de tanto repetirlas. Por ejemplo…

- Shtt.. –Dijo el Rucio-. Alguien viene. A lo mejor es el papa.

- Es el viento en los arboles –observo el Calladito, que era el que tenia mejor oído, precisamente porque callaba y así podía escuchar mas- ¿Qué por ejemplo, mamá?

-Por ejemplo… ¿Ustedes conocen al Zorro?

- ¡Claro!, afirmaron el Crespo y el Rucio, mientras el Calladito se quedaba mirando con la cabeza media ladeada.

- Pues bien, los hombres comenzaron a contar hace algún tiempo que el Zorro es muy astuto. Hay muchas historias de la astucia del Zorro y todos han comenzado ya a creerlas. El Zorro ha sido el primero en decir que son ciertas y, en verdad, como que ha principiado a ponerse astuto. Al pobre Conejo le han achacado que es cobarde y el pobre, que era como todos nosotros, está bastante acobardado. Complejo de inferioridad dicen que es… Por eso yo preferiría pasar hambre y que el papa no llevara a cabo sus planes.

-¡Ahí viene el papá! –Exclamo el Calladito-. Parece que le ha ido mal.

En un claro del bosque, efectivamente, había aparecido el Lobo, caminando lento y con la cola entre las piernas. El Calladito corrió hacia él.

-¿Qué pasó, papá? –le pregunto ansiosamente.

-Me fue mal, hijo. El bosque está lleno de leñadores en la parte por la que venía esa niñita con su pastel y su mantequilla, de modo que no me atreví.

-Mira, papá –dijo con mucha decisión el calladito-, de todos modos ya están diciendo que nosotros somos malos, por el asunto de aquellos dos o tres corderitos. ¿No es verdad?

El Lobo asintió con tristeza.

-Entonces tenemos que hacer una grande y ganar bien la fama para que los hombres nos tengan realmente miedo. Yo he estado pensado mucho con toda el hambre que he pasado y la mama ahora, sin quererlo, me ha aclarado bien las cosas. Lo importante es que alcancemos fama de feroces, para que todos nos tengan miedo. Debes ir primero a casa de la abuelita de esa niña, por donde no hay leñadores. Yo te voy a explicar por el camino.

-No estoy muy convencido, hijo. ¡Pero tengo tanta hambre! Todos tenemos hambre. ¿Crees que los hombres puedan llegar a tenernos miedo? Esa niñita de la capa roja ni se inmuto cuando le hable…

-Vas a ver, papa. En un tiempo más van a gritar: ¡El Lobo, el Lobo! Y todos atrancaran puertas y ventanas y podrás llevarte tranquilamente los corderos que quieras.

-¿Te gusta mucho la carne de cordero, hijito? –pregunto el Lobo, que comenzaba a sentirse satisfecho del espíritu emprendedor de su hijo, mientras los dos trotaban por el bosque hacia la casa de la abuelita.

-No está mal –contesto el calladito-, pero yo prefiero la de cerdo. Cerca de la casa de esa señora adónde vamos viven tres chanchitos maravillosos…”

-Cuentos al Reves, Alejandro Magnet (1976)


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Now playing: Metallica - For Whom The Bell Tolls
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1 comentario:

Sakura dijo...

Buen cuento :)
Profunda la cosa...

ya, el aporte, sorry xD